Nuestra Habana


Centenares de personas le dieron la vuelta a la ceiba que está en el Templete, solicitándole un

deseo. Sucede año tras año este ritual en el minuto exacto que cambia el 15 para el 16 de

noviembre, fecha del onomástico de la capital cubana.

El advenimiento de la fecha lo describe la colega Clara Luz Domínguez, del diario Tribuna de La

Habana, de la manera siguiente:

“San Cristóbal de La Habana cumple 491 años y en el decursar del tiempo,
desde que se hizo tradición, al conjuro mágico de ese árbol han acudido
reyes, reinas, científicos, artistas, presidentes…y personas comunes,
todos con un mismo objetivo y ansia: posar sus palmas en el milagroso
símbolo.”

Y agregaba en su crónica, “Pues esta ciudad añil, cual el mar que la ampara; irresistible como la
giraldilla esbelta y observadora; fiel y valiente a semejanza de sus
hijos propios y adoptados, es irreverente y fuerte pero leal a sus
costumbres y privilegios.

Carpentier la llamó La Ciudad de las Columnas. Llave del Nuevo Mundo y
Antemural de las Indias Occidentales la nombraron los reyes españoles en
el siglo XVII, y es que su belleza hace que quienes la amamos pequemos
de inmodestos.

Así, entiéndase por Habana cada barrio, avenida, callejuela, parque,
mansión o solar. No es solo el Centro Histórico, ni Miramar o el Vedado,
no. Es también Pogolotti, La Timba, Los Pocitos, El Canal… es cada
rincón y, sobre todo, su gente, quien la llena de color, sabor,
humanidad; los que lloran, ríen y sueñan en ella cada día, aquellos que
vemos a diario, comparten el transporte, caminan sus recovecos y
trabajan codo a codo destilando sudor común por el mañana. ¡Esa es La
Habana!, la tentadora azul que provoca a andar sus calles y su gente en
este cumpleaños y siempre.”

(Las fotos son de Rafael González Vázquez)

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