Vivir para Contarlo

Los milicianos cienfuegueros Ramón González Suco, Alberto Quintana y José Israel Hernández González, este último ya fallecido, fueron los primeros en enfrentar a los invasores mercenarios, en la madrugada del 17 de abril de 1961.

Los milicianos cienfuegueros Ramón González Suco, Alberto Quintana y José Israel Hernández González, fueron los primeros en enfrentar a los invasores mercenarios, en la madrugada del 17 de abril de 1961.

Primera parte

Ramón González Suco es una persona muy cercana a mi familia: compartimos nietas. Tres de ellas. Desde que nuestras dos progenies se unieron, he tenido la suerte de poder escuchar diversas historias de su larga y rica trayectoria por la vida.
Playa Girón sin dudas fue un momento que lo tocó en lo más profundo de sus sentimientos. Varios años atrás consintió, en cambiar roles de abuelos por algo un poco más profesional y convertirnos en entrevistado y entrevistadora. Y he aquí algunas de sus vivencias.
¿Qué sentimientos lo embargan y cómo han marcado su vida esos sucesos?
-¿Qué me ha quedado por dentro? Bueno, yo perdí 14 compañeros, en la batalla de Girón. No puedo decir que a los 14 los conocía profundamente, pero a cinco sí fuertemente. Cada vez que recuerdo esas vidas que se troncharon, que queda por dentro el que no puedan compartir nuestros logros, nuestras dichas. Porque el pueblo cubano tiene alegrías, quizás las que no tengan muchos pueblos. Por eso, cuando veo todo lo cons-truido y nuestras satisfacciones, tengo un minuto para pensar en ellos, que hicieron posible que los sobrevi-vientes pudiéramos disfrutarlas, es decir, siempre ten-go un poco de deuda de memoria para los que cayeron aquella noche.
“También tengo en la memoria, cuando llevaron al lugar donde estábamos prisioneros a una muchachita calculo que de 13 o 14 años, que viene hacia mí y me abraza e inconsolable me dice: Mataron a mi familia.
-Trato de consolarla con palabras que quizás no te-nían mucho fundamento, pero que se dicen esos mo-mentos
-Cálmate, a lo mejor se han salvado.
-No, mi mamás no tenía cabeza, mi mamá no tenía cabeza.
“A ese camión donde viajaba esa familia le dieron un bazucazo, le tiraron al vehículo en medio de la noche sin darle ni el alto. Allí no iban militares, sólo esa fa-milia.
“Yo no la he visto nunca más, pero estoy seguro de que dejó grandes secuelas en su vida, el haber perdido de forma tan trágica a sus seres queridos.
“Para mí en verdad, en lo físico no tengo marcas, pe-ro en mi interior sí. Es algo que nunca se puede olvi-dar.
CONTINUARA… con una historia escrita de puño y letra por Ramón González Suco.

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