La historia y el 17 de diciembre

El 17 de diciembre no pasará a la lista de los días de sucesos ordinarios en la vida de los cubanos, pues la llegada de los tres Héroes y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, ya pertenecen a los grandes acontecimientos de la historia de Cuba

Cinco Héroes
Foto: Anabel Díaz

“El heroico pueblo cubano ha de­mostrado, frente a grandes peligros, agresiones, adversidades y sa­cri­fi­cios, que es y será fiel a nuestros idea­les de independencia y justicia so­cial. Estrechamente unidos en es­tos 56 años de Revolución, hemos guardado profunda lealtad a los que cayeron defendiendo esos principios des­de el inicio de nuestras guerras de in­dependencia en 1868”.

No es el párrafo de la noticia de este 17 de diciembre, que hizo estallar a Cuba de alegría, júbilo y fervor  revolucionario; al escuchar al Pre­si­dente de los Consejos de Estado y de Mi­nistros, General de Ejército Raúl Cas­tro Ruz, en su alocución al pueblo so­bre las relaciones con Esta­dos Uni­dos.

Sin embargo, en él encuentran vi­da los postulados que hicieron po­si­ble la efervescencia que hoy vivimos en las calles de todas las provincias cubanas. Lealtad, fidelidad, consecuencia con los fundamentos sagrados de la Patria, entiéndase independencia y soberanía, son los resortes de las emociones por el regreso de los tres héroes que aún permanecían injustamente encarcelados en cárceles de Estados Unidos. Los Cinco ya volvieron, el pueblo de la Mayor de las Antillas festeja en cada casa, pueblo o barrio el retorno.

La gente sale de sus hogares, se fe­licitan, se abrazan, y exclaman. “Fi­­del siempre tiene razón, dijo Vol­verán y volvieron”. Aquella, no fue una premonición ni una profecía, sino una fiel convicción en el triunfo de las causas justas, que re­tumbó en la localidad capitalina del Cotorro el 23 de junio del 2001, justamente por donde hizo su entrada a La Habana el 8 de enero de 1959, cargado de los mismos principios que hoy mantienen la obra de la Re­vo­lución triunfante el primer día de aquel año.

Este 17 de diciembre, desde la hon­­da cualidad humanitaria de los hombres y mujeres que habitamos esta tierra, la voz de Raúl llevó al mun­do a esa Cuba viril, gallarda, pe­ro también culta y civilizada, mostrándola en toda su capacidad de dia­logar en igualdad de condiciones, reconociendo las profundas diferencias, con cualquier interlocutor.

A la Revolución nada humano le es ajeno, por eso no cesó en el regreso de sus héroes, como también ha tenido la virtud de reconocer la decisión del presidente Obama sobre la liberación de los Cinco, al decir que, “merece el respeto y reconocimiento de nuestro pueblo”. Bajo ese mismo precepto fue devuelto a su país el ciudadano norteamericano Alan Gross. Pero ha sido también el que ha dado sobradas muestras de cómo cubanos y norteamericanos se han tendido las manos.

No está lejos en el tiempo la entrega de ambos en la lucha por el regreso de un niño de seis años a su Patria. Hoy, el joven Elián González agradece al pueblo norteamericano aquel desvelo que lo hizo retornar en junio del 2000. Más cerca está septiembre del 2005, cuando más de 1500 médicos cubanos, mochilas a la espalda, se ofrecieron para socorrer a las víctimas del huracán Katrina que enlutó a las familias de Nueva Orleans.

El nombre de aquel contingente de galenos era el de un estadounidense, Henry Reeve, quien dio su vi­da en los campos de batalla de la Mayor de las Antillas, luchando contra el colonialismo español. Ese mis­mo nombre es honrado por los mé­dicos que ahora combaten en África el terrible y letal virus del ébola.

En el 2001, a pocas horas de la tragedia que vivió Nueva York con el de­rrumbe de las Torres Gemelas, el pueblo cubano se ofreció para brindar ayuda médica. Vivimos en estos años la solidaridad del pueblo estadounidense, denunciando en su propio país la injusta encarcelación de los luchadores antiterroristas cubanos.

La dimensión de esos atributos la dio el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, cuando el derrumbe de la Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001, estremeció a aquel país. En­­tonces, expresó: “aquí jamás se ha sembrado odio contra el pueblo norteamericano. Quizás, precisamente por su cultura y por su falta de complejos, al sentirse plenamente libre, con patria y sin amo, Cuba sea el país donde se trate con más respeto a los ciudadanos norteamericanos. Nun­ca hemos predicado ningún género de odios nacionales, ni cosas pare­ci­das al fanatismo, por eso somos tan fuertes, porque basamos nuestra con­­ducta en principios y en ideas, y tratamos con gran respeto —y ellos se percatan de eso— a cada ciudadano norteamericano que visita a nues­tro paí­s”.

La historia premió al 17 de di­cie­m­bre con este torrente de emociones por tener a todos nuestros hé­roes en casa junto a sus aguerridos fa­mi­lia­res; también lo distinguió con el anun­cio de que se acordó restablecer las re­laciones diplomáticas inexistentes desde enero de 1961.

Quiso que este mismo día las FARC-EP anunciaran un cese al fue­go indefinido en el conflicto colombiano, sobre cuyos diálogos de paz,  Cuba es uno de los ga­ran­­­tes. Este es el mismo día que en An­gostura se pro­clamara la Re­pú­bli­ca de la Gran Colombia, la obra del li­ber­tador Si­món Bolívar, que coincidentemente murió otro 17 de di­ciem­bre.

Y fue un día como ese, pero de 1975 que se celebró el Primer Con­greso del Partido Comunista de Cu­ba, en cuya agenda se hospedaron, los postulados de la obra por excelencia humana, que nos ha traído a este 17 de diciembre del 2014, nos ha desbordado los corazones y que nos unió a todos, en calles, plazas, avenidas, sin que nadie nos con­vocara, so­lo movidos por la felicidad de tener en la Pa­tria a Gerardo, Ramón, Tony, Fer­nan­do y René.

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