¿No es país para viejos?

En apenas cinco décadas, Cuba envejeció debido a un proceso complejo, en el que intervienen los beneficios sociales del Estado y otros factores demográficos y ambientales…

José Armando Fernández Salazar

 

Envejecimiento poblacional en Cuba

¿No es país para viejos?

En apenas cinco décadas el país envejeció como resultado de un proceso demográfico complejo. (Otmaro Rodríguez Díaz / Granma)

  • Ancianos en América Latina y el Caribe: desde 2010 la población de 60 años y más supera al grupo de menores de 5 años. Para 2050, mayores de 60 años supondrán cuarta parte de la población total.
  • Cuba: más del 18 por ciento de la población tiene 60 años o más. 3 mil 865 cubanos tienen 100 años o más.
  • En Cuba existen 197 hogares de ancianos.

 

Reynaldo tiene 82 años, los ojos azules y un repertorio de anécdotas aparentemente infinito. Trabaja en una carpintería y mantiene una finquita, aunque dice con preocupación que ahora es difícil sacarle algo a la tierra porque llueve poco. Reynaldo tiene tres hijos, ocho nietos y cuatro biznietos. “Ellos son los que me están poniendo viejo”, dice socarronamente.

Cuando le pregunto sobre su fórmula para llegar a las ocho décadas con tanta vitalidad se pone serio. “Hace unos días leí que en Cuba los hombres viven hasta los 78 años, ya sé que estoy pasado”. Yo también me pongo serio. Pero, entonces él me tira su mano por encima y me habla de la necesidad de trabajar todos los días, alejarse del café, el cigarro y la bebida, leer, compartir con la familia y no tener almanaques en la casa, o al menos no hacerles mucho caso.

Reynaldo no conoce a Aleida. Aunque quizás una vez la vio recitar en un acto por un día patriótico. Aleida va para los setenta años. Le gusta decirse a sí misma pichona, como llaman a los descendientes de afrocaribeños. Fue trabajadora doméstica, alfabetizadora, cantante, fundadora de los órganos locales del Poder Popular y actualmente doctora en ciencias. Todas las mañanas se monta en su bicicleta y sale para la universidad a impartir sus clases.

“A veces me siento cansada, pero entonces entro al aula y ya me convierto en otra persona. Lo mejor para llegar a viejo es no sentirse viejo nunca”, dice.
Aleida no conoce a Petronila. Aunque quizás haya escuchado hablar de ella por la prensa. Petronila asegura que tiene 115 años de edad y así lo confirma su carnet de identidad. Eso la convierte en la persona más longeva de Cuba. Antes trabajó en el campo y como doméstica en una casa, ahora se dedica a dar consejos a su extensa familia, y de vez en cuando a participar en entrevistas con periodistas que, como yo, quieren conocer su fórmula para durar tanto.

Su voz a veces parece apagada, pero se le entiende claramente. Su vista ya no es la de antes y sufre de hipertensión. Todas las mañanas se levanta a barrer la casa y hacer las tareas del hogar. Petronila no tiene fórmulas ni explicaciones para su avanzada edad. Dicen que ríe mucho y que le gusta caminar. Una vez atravesó toda la ciudad buscando comida para sus pollitos, fue una aventura más en su centenaria vida.

Reynaldo, Aleida y Petronila tienen en común el haber nacido en Las Tunas, provincia del nororiente cubano que junto a su vecina Holguín, presenta la más alta esperanza de vida al nacer de la Isla, donde el más reciente estudio demográfico señaló que el 19 por ciento de la población tiene 60 años o más.
En apenas cinco décadas el país envejeció como resultado de un proceso demográfico complejo, en el que comparecen los beneficios sociales del Estado cubano y otros factores demográficos y ambientales, e incluso culturales.

En este asunto, como el béisbol, cada cual tiene su librito. Incluso los expertos aún no han logrado ponerse de acuerdo, aunque reconocen la importancia de hábitos de vida saludables como una alimentación balanceada, evitar los vicios y tener una activa proyección social.

Otros se refieren también a la importancia de las costumbres y tradiciones culturales. La relación con la comunidad y con la familia, incluso, la manera como se percibe y se asume el mundo determina también que una persona viva más que las otras, sin embargo este planteamiento aún deviene tema de discusión.
Contar con una población que alcanza altos niveles de calidad de vida, si bien es el resultado del desarrollo social del país, supone un desafío. Ya se observa el crecimiento de enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión, junto a otras como la depresión y el Alzheimer. Servicios como los bancarios y los de salud tienen una demanda para la que no siempre están preparados.

En ese sentido las autoridades de salud pública desarrollan un programa de atención al adulto mayor que incluye la rehabilitación de hogares de ancianos y consultorios, así como también la implementación de programas sanitarios para fomentar hábitos de vida saludables y eliminar riesgos de enfermedades crónicas.
El comportamiento de este indicador debe tenerse en cuenta, incluso, para planificar el paisaje urbano de la ciudad, en la que será necesario eliminar barreras arquitectónicas, construir más paseos peatonales o parques y definir un trazado del tránsito que no resulte demasiado complejo.

Las opciones gastronómicas y recreativas, usualmente concebidas para el divertimento juvenil, también deben atemperarse a las circunstancias poblacionales, y deben ser capaz de satisfacer la demanda de los productos más buscados por este segmento poblacional.

Sin embargo, la familia será uno de los escenarios más importantes para asumir el reto del envejecimiento poblacional. La confluencia en un mismo hogar de varias generaciones, con intereses distintos, provoca que en ocasiones sea relegada la opinión de los más ancianos, quienes, incluso, son asumidos a veces como una carga.

El envejecimiento poblacional es una tendencia irreversible en la sociedad cubana. La escuela, los medios de comunicación, y sobre todo la propia familia, deben contribuir a la formación de valores orientados al respeto de los ancianos y a su cuidado.

Aunque para algunos este fenómeno no pasa de ser una curiosidad estadística, otros se lo toman más en serio y se preocupan y ocupan ante el desafío que plantea esta situación para una sociedad que, al igual que este mundo, está diseñada para los jóvenes. A fin de cuentas, todos vamos a llegar a viejos.

 

(Tomado de Cubahora)

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