La villa en otro plano

 

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Alberto Enrique Pérez de la Rosa (1941) (Enrique Castro seudónimo que utilizó en la prensa) nació en Remedios, Villa Clara. Es un hombre forjado en órganos nacionales de prensa escrita, donde ejerció por casi 40 años, obtuvo la Licenciatura de periodismo en la Universidad de La Habana.

Una gran leyenda de cinco siglos es Remedios, ciudad pequeña pero con raíces clavadas en lo más profundo del alma cubana. Al cumplirse este decisivo ciclo de vida, uno de sus hijos presenta el libro La villa en otro plano donde muestra anécdotas, situaciones que juegan con lo real y la fantasía, las crónicas y los mitos. A través de un paisaje infanto-juvenil y sin recurrir a una interpretación a distancia, elabora numerosas estampas de colores como si fuera un pintor naif. Este autor manifiesta orgullo por todos aquellos a quienes les ha tocado impulsar al pueblo y lo ofrecen hoy al mundo lleno de ánimo renovado. En suelos de Zavaneque, provincia aborigen del centro norte de la Isla, fijó su asiento definitivo San Juan de los Remedios que arriba ahora nada menos que a 500 años, por demás está considerada entre las primeras villas surgidas en el país. Sus vecinos se caracterizan por la humildad y la afectividad demostrada en el tiempo. La ciudad celebra sus orígenes cada 24 de junio con una festividad popular que data de inicios del siglo XVIII. Las Fiestas Sanjuaneras, consideradas la más añosa en la nación, están enraizadas en puro simbolismo y son exponentes de un hecho cultural gestado aquí. Ellas son aclamadas justo seis meses antes de las afamadas Parrandas Navideñas, un acontecimiento de carácter nacional.
A continuación se ofrece una selección de diez temas de los 52 que conforman la obra.

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RAÍCES MUY PROFUNDAS
Cuando camino por tus tortuosas calles se me abren las páginas de la Historia. Acuden pasajes que llenan de riqueza los días vividos. Saber que se amontonan numerosas generaciones pugnando por contar sus andanzas, pasiones, temores, lutos, lamentos, luchas, retrocesos, avances, victorias, leyendas, alegrías.
Es indudable que está la presencia hispana -los fundadores de todo- con Pánfilo de Narváez, el padre Las Casas…allá desde el lejano l5l3, y en especial de Vasco Porcallo de Figueroa, quien sentó plaza aquí un 3 de mayo de 1514; este hombre creó un poblado a su libre albedrío sin darle la constitución de villa, es el feudal que parece burlar al clero y al rey para no pagar diezmos ni impuestos.
Nadie podrá desconocer aquellos días cuando nacía el poblado allí junto a la costa y cómo algo después diera dos cortos saltos tierra adentro. Este proceso se extendió casi medio siglo hasta encontrar un asiento definitivo: San Juan de los Remedios, un día 24 de junio, legado mantenido hasta ahora.
En el museo de la historia municipal exhiben una pica o hacha que perteneciera a uno de quienes sojuzgaron a los naturales de Zavaneque, el cacicazgo extendido al norte de la región central de Cuba; además aparece un plano moderno indicando los puntos donde estuvieron los dos asentamientos hispanos precursores, distante entre todos menos de diez Kilómetros de la costa, sitios a los que uno puede ir a su encuentro aunque sus huellas parezcan borradas por el tiempo.
Siempre tuve en el recuerdo aquella figura exhibida en la barbería que inicia la calle Pi y Margal: la imagen del pirata francés Francis Nao, el olonés; un recordatorio perenne que fijaba a los vecinos y transeúntes las veces que estos saqueadores sorprendieron, pues a mediados del siglo XVII hicieron de las suyas con reiteración, aunque ya en el siglo anterior otros franceses habían incendiado la villa cuando andaba por Zavana del Cayo, 1578; hechos de similar naturaleza ocasionaban amenazas y temores constantes en los pobladores, sus autoridades y la clerecía, personas que anduvieron las mismas calles que desando una y otra vez.
Tras casi dos décadas del último ataque -1668- surgirían nuevas pugnas por trasladar la villa medio centenar de Kilómetros tierra adentro. Entre ellas aparece aquella excusa simple y engañosa para escapar de infinitas legiones de demonios procedentes de una cueva cercana que dijeron conducía directamente al infierno, maniobra del inquisidor principal del momento, el cura González de la Cruz, que al parcelar y vender terrenos para un nuevo poblado en medio de sus propiedades agrícolas, buscaba beneficiarse.
Como parte de un nuevo proceso de colonización ganadera, en 1689 se crea Santa Clara con solo un tercio de los pobladores de Remedios. Es un proyecto de nuevo tipo que iniciará otra etapa de fundación poblacional pero gestada en este caso de manera cruel pues aplicaban disposiciones de las altas autoridades coloniales para desactivar la vieja villa y llevar a sus pobladores al seno de la recién creada.
Las numerosas familias remedianas aferradas al terruño -dos tercios del total de aquel momento- desconocían la medida impositiva de sumarse a Santa Clara, pero estos provocaron la más cruenta barbarie vivida en la villa al ver aniquilado el pueblo, convertido en cenizas. De aquel incendio terrible del 12 de febrero de 1691 solo quedó en pie la iglesia mayor y una vivienda. Parece habérseles ido la mano de todas, todas, mucho más porque ese comando actuante de 40 hombres procedía del viejo Remedios. Este acontecimiento es calificado de insólito y parecía colofón de este proceso.
En esos días de rivalidad resulta significativo el valor de una súplica hecha al obispo de Compostela donde un grupo de damas remedianas imploraban piedad: “…nos hallamos en este lugar, patria nuestra, tan desconsoladas, con tantos disgustos, penalidades y calamidades”; la referencia constituye quizás la más antigua mención sobre el concepto de patria de la cual se tenga noticia en la región, dejará sentada para el futuro una huella precisa de criollismo y un adelanto al de nacionalidad. Este hecho de por sí constituye la primera muestra de resistencia y decisión popular conocida en nuestra isla encabezada por Jacinto de Rojas, quien dirigiera la oposición al cambio y reclamara a las más altas esferas.
No sé bien si calificar aquello como una forma de demolición aunque sea palabra de uso más actual. La operación, resultado de una medida económica, devino acción de tierra arrasada y muestra de exterminio total del pueblo, un intento por borrarlo de la faz de la tierra.
Pero los de aquí movieron cielo y tierra, es cierto. De los montes cercanos donde resistían los moradores por cinco años, salieron a rehacerlo todo cuando las autoridades máximas de la Isla volvieron a concederles los derechos a la villa.
Desde entonces hasta hoy, para bien de todos, sobrevive Remedios.

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(continuarán)

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