La Villa en otro plano (II)

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TOMADOS DEL CAPÍTULO “ANUDADOS ENTRE RAÍCES”:

Por: Alberto Enrique Pérez de la Rosa (1941) (Enrique Castro)

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ANUDADOS ENTRE RAÍCES
Estamos en una pequeña joya con siglos de tradiciones y esfuerzos de futuro. El ambiente de quietud que hoy respira Remedios lo anhelarían muchas personas en el convulso mundo que les ha tocado vivir, y si hay quienes acusan a sus ciudadanos de andar a poca velocidad, propiamente en el llamado estilo de vida pueblerino, con certeza junto a esa especie de aparente conformidad subyace un fuerte espíritu, una explosiva pasión, tremenda vehemencia, amor por la localidad.
Desde tiempos remotos hasta hoy la historia local ha estado preñada de peripecias. Algunos apurados en sus juicios han planteado que todo salió mal desde la arrancada pues al parecer ni siquiera los españoles le otorgaron la categoría de villa junto al grupo de las otras siete primeras reconocidas, y los exploradores de la colonización asomaron por aquí desde un 8 de diciembre de 1513, solo cinco meses después el camino quedaba abierto para el asentamiento a sus nuevos vecinos.
Pero ¿cómo abordar los tiempos desde la conquista hasta nuestros días? Todo llega en avalancha. Paso revista a hechos y personalidades que han tejido la epopeya y la esencia distintiva en los siglos de batallar sin tregua. Si quisiéramos dar a conocer la villa en toda su riqueza se precisa identificar cuánto alberga en su seno, ir a los momentos inaugurales o desde la historia patria a las expresiones culturales, sus intelectuales y artistas.
Ahora la población piensa en sus riquezas históricas, arquitectónicas, culturales como potente oferta y único modo practicable para desarrollar a fondo su vínculo con el mundo del turismo. En la ciudad existen espacios, expresiones obligadas donde cuenta su fuerza principal, las festividades celebradas cada año: la semana de la cultura, las fiestas sanjuaneras y las parrandas navideñas. Junto a ese caudal dispone de un conjunto de interesantes tradiciones y leyendas salidas desde siglos atrás.
Entre sus atractivos cuenta con una llamativa arquitectura que da forma a un centro compuesto de casonas coloniales, a la vez, un trazado circular de estrechas calles limitadas en cierto momento por los montes circundantes que sirvieron de muralla y refugio natural en tiempos de piratas y corsarios. Cuando camino por esas calles se me abren pasajes que llenan de riqueza los días vividos. De cómo se amontonan numerosas generaciones pugnando por contar sus andanzas, pasiones, temores, lutos, lamentos, mitos, luchas, retrocesos, avances, victorias, alegrías.
En el museo de la historia municipal exhiben una pica o hacha que perteneciera a uno de quienes sojuzgaron a los naturales de la región; además, un plano moderno indica los puntos donde estuvieron los tres asentamientos, lugares que uno puede ir a su encuentro aunque las huellas de las primeras parezcan borradas por el tiempo.
Siempre tuve en el recuerdo aquel retrato exhibido en la barbería que inicia la calle Pi y Margal: la imagen del pirata francés Francis Nao, el olonés; un recordatorio perenne a los vecinos sobre asaltantes y saqueadores llegados por el mar y que sorprendieron a mediados del siglo XVII y con saña hicieron de las suyas, aunque desde el siglo anterior otros franceses habían incendiado el segundo villorrio; hechos de similar envergadura ocasionaron constantes temores y amenazas a varias generaciones de pobladores, personas que anduvieron las mismas calles que desando una y otra vez.
Por Zavaneque, largo y estrecho territorio indígena sede de la capital de la provincia indígena o cacicato del mismo nombre, desfilaría la gente de Pánfilo de Narváez con Grijalva, Las Casas, Hernando, Porcallo y tantos más. Qué distinto sucedería en aquel momento de la exploración, del primer paso hispánico. Llegaban como si fuera gente pacífica y se instalaron allí un montón de días a comer y descansar. Pero la primera indagación certera de aquel grupo sería sobre el oro ¿dónde está el oro?
Y extraño, se instauraba este pueblo de manera inusual, sin acto o ceremonia de fundación ni disponer por tanto de la representación civil del ayuntamiento o cabildo. Algunos estudiosos plantean que para dejar instituida una nueva villa, si faltaba el clérigo en ese instante no se podía efectuar la ceremonia titular, pero cuentan otros que Vasco Porcayo -el fundador- andaba para arriba y para abajo con un séquito donde no faltaba el representante religioso; argumentan además que se mantuvo el villorrio sin reconocimiento oficial mientras vivió el primer gobernador Diego Velázquez, fallecido en el año de 1524.
Cuando aparecieron los piratas y corsarios por aquí, los pocos vecinos de entonces creyeron solucionar sus males moviendo el poblado a poca distancia del litoral. Del asiento original de Santa Cruz se movieron a cinco Kilómetros hasta el lugar bautizado entonces con el nombre de Sabana del Cayo, una especie de atalaya natural desde donde podían observar los mares circundantes -punto conocido hoy como loma de La Cabaña- a pesar de las prevenciones fueron atacados en 1578 por corsarios franceses a quienes les negaron los avituallamientos que exigían, en represalia incendiaron el villorrio; penetrarían después otro poquito más adentro, hasta el emplazamiento actual de Remedios, distante ahora de la costa solo nueve Kilómetros, un día 24 de Junio, de ahí la advocación por San Juan, el bautista.
La villa resurgiría con dificultades pero se mantuvo vivaz. Limitados avances siguieron a todo lo largo de la administración hispana, y se vivieron muchas frustraciones durante la seudo-república a pesar de algunos atisbos de progreso. El triunfo revolucionario trajo justicia social, equidad y reordenamiento en la industria artesanal. Notables cambios han ocurrido allí a lo largo de las últimas cinco décadas pero los vecinos se proponen un mayor despliegue, un salto para alcanzar nuevos impulsos, avances decisivos en el auge económico-social y con solidez ampliar la base material.
Si hace cinco siglos arribaron aquellos hombres de ultramar en naves nunca vistas hasta las proximidades de Cayo Conuco, llegué yo al mismo lugar en un bote de motor una mañana soleada para apreciar la naturaleza. Estoy seguro que en ambos casos disfrutamos la sombra de las uvas caletas.
De aquella colonia primera, ahora no queda horcón ni piedra alguna, en tanto, Remedios se convirtió en una pequeña joya amontonando siglos y tradiciones, trazando esfuerzos para un futuro resplandeciente. La paz que acá se disfruta, regocija al caminar sus retorcidas y legendarias calles, que son mías y de quienes andan por ellas amarrados, anudados entre sus historias y leyendas.

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EXTRAVÍO SOLUCIONADO
El repique de gangarrias -rejos, cencerros y tamboras- era fuerte y venía por la calle Alejandro del Río rumbo al parque Martí. La desbordante euforia popular atraía, impulsaba a la muchachada. Y me incorporé entonces en la misma esquina de mi casa, en Gonzalo de Quesada. La emoción crecía cuando los abanderados batían en las rojas telas al invencible gallito, símbolo de mi barrio. No importaba la noche ni que las cuadras fueran quedando muy distantes del seno materno.
Vine a salir de aquel embullo desmedido cuando se detuvo la marcha al otro extremo del pueblo, allá por el Palomar, edificación llena de leyendas y que pude identificar plenamente, además era como hallarme en el corazón del barrio enemigo, al cual habíamos ido a desafiar. Entonces el temor sacudió mi existencia, la realidad se presentaba gigantesca. Estaba perdido y no sabía retornar.
Entre tanta gente vi de pronto mi salvación, una posibilidad al encontrar allí al hijo mayor de Domingo, el tejedor de redes de pesca, que vivía también en la calle Gonzalo de Quesada y el callejón de la Academia de Música. Le cuento la imposibilidad de volver solo. Entonces lo primero que hizo fue calmarme: “No te preocupes, yo te llevo”.
Respiré profundo, el alma me vino al cuerpo como reza el refrán porque aquellas calles me parecían más oscuras de lo que realmente podían haberlo estado, entonces con el retorno asegurado reinó la tranquilidad en mi ser, el extravío estaba solucionado. Durante el trayecto la conversación giró sobre lo que era ya inminente para aquellos días, las parrandas de Nochebuena.

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