Una Cumbre en un planeta patas arriba

Por: MARTA G. SOJOCumbre-g20 CUBADEBATE

De todos es conocido que el mundo está en crisis económica, política y, por ende, social. En tal ambiente nada halagüeño culminó la cumbre anual del G-20, celebrada en Hangzhou, China, que dio pistas de cómo andan las naciones más desarrolladas, con dos tercios de la población del orbe. El grupo surgió en Washington en 1999 para gestionar las crisis financieras internacionales y, también, se ocupa de la cooperación y consultas entre los países sobre temas vinculados al sistema financiero global.

Más allá de su génesis, hoy se vislumbra, según expresó el presidente chino Xi Jinping, que la economía universal está reviviendo aunque sin fuerzas. Sin embargo el futuro siguen siendo incierto, y más contando con los malos augurios advertidos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) de que existen probabilidades de nuevo de que se reduzca el pronóstico de crecimiento económico global este año. Al panorama se le añaden otros agentes dañinos: el terrorismo, la guerra en Siria y la permanencia de la crisis económica en varios territorios.

Aunque, al parecer, el ambiente de la cumbre resultó cordial a simple vista, afloraron las divisiones de las potencias en una gama de asuntos primordiales que van desde la estructura del escenario geopolítico global, la desaceleración del crecimiento económico y enfrentar los peligros en diversas zonas del mundo.

El anfitrión, Xi Jinping fue claro en su discurso al llamar la atención para que los países del nuevo mundo eviten “las palabras vacías” al tratar de acelerar el crecimiento económico mundial, ya que no se borran los múltiples retos y riesgos por la ralentización del crecimiento, la debilidad de la demanda, la volatilidad de los mercados financieros, y la desaceleración del comercio y la inversión, cuando todavía se recupera de la crisis financiera internacional.

Si bien el tema central de la reunión fue el neurálgico escenario de las finanzas a escala universal, los presentes al evento no pudieron soslayar las agitaciones provenientes del Oriente Medio, Europa, aquejada por el tsunami migratorio de los que huyen de la guerra en Siria y la pobreza en otras partes de África, además de las tensiones en Ucrania y hasta el proceso de Brexit del Reino Unido.

La cita tuvo de todo un poco. Reuniones bilaterales para tratar asuntos de envergadura, como la sostenida por los presidentes ruso Vladimir Putin y el estadounidense Barack Obama, que versaron en varias direcciones, una de ellas el conflicto sirio, finalizada sin un acuerdo concreto, que impresione. Mientras Moscú colabora en directo con las autoridades sirias, Washington apoya públicamente a grupos rebeldes que buscan el derrocamiento del presidente de la nación árabe, al tiempo que ataca posiciones del Estado Islámico.

Tampoco se puede descontar la problemática de otro equipo invitado a la cita: los BRICS, unión que está por ver cómo evolucionará, puesto que en el presente uno de sus miembros, Brasil,  posee una dudosa reputación, al ser presidido por un golpista corrupto, Michel Temer, confabulado con la ultraderecha de su nación, quien tras bambalinas y en complicidad con el Parlamento brasileño dio el porrazo conspirador para destituir a Dilma Rousseff.

Asimismo hubo cabida para comentarios propios de comadreos hollywoodenses, centrados en la figura de Obama, quien descendió por una puerta poco conocida en la barriga del Air Force One, según informaciones reportadas, y no por la escalerilla utilizada por el resto de los asistentes, motivo que hizo a los periodistas teclear a diestra y siniestra dándole importancia al hecho protocolar, y si afectaría en la política real entre ambas potencias económicas. Algo de cascarilla lanzada al viento para condimentar el ambiente, al estilo de telenovela occidental.

Pero volviendo al punto inicial, el texto final del evento, bautizado como Consenso de Hangzhou, y aprobado por los líderes, marcó una serie de objetivos de trabajo para promover el crecimiento global. No todo fue un lecho de rosas en la cumbre del G20, aunque contó con la hospitalidad brindada por los anfitriones, propia de la cultura china, y algunas consideraciones favorables en sus debates. En general, se hicieron notar las intensas grietas y las contradicciones reiterativas que permanecen entre los poderosos países de alto desarrollo, en un ambiente mundial con tendencias a encresparse más.

(Tomado de bohemia.cu)

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