Santuarios en peligro

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Estas ciudades sufren el rigor del pensamiento antiinmigrante de la nueva administración norteamericana

Por: MARTA G. SOJO
Estas acciones cumplen con algunas de sus promesas de campaña más aclamadas durante el ciclo electoral respecto al endurecimiento de las leyes fronterizas y migratorias.

Estas acciones cumplen con algunas de sus promesas de campaña más aclamadas durante el ciclo electoral respecto al endurecimiento de las leyes fronterizas y migratorias.

Donald Trump, sigue en su empeño de detener la inmigración hacia su territorio, por supuesto, de ciertos y determinados grupos, que en su criterio no favorecen a su país. Pudiera hasta considerarse válido si sus medidas y acciones emprendidas no tuvieran ese componente xenófobo tan alto.

Durante el primer mes de su ejercicio en el ejecutivo, hubo un significativo aumento en los arrestos y problemas de inmigración en general. Sin embargo a pesar de todas las críticas en particular proveniente de los demócratas, sus partidarios perciben que el Presidente está cumpliendo su promesa de proteger la frontera de Estados Unidos, incluso sin haber construido aún su cacareado muro.

Otro de los decretos que ha sacado muchas ronchas entre sus adversarios y la comunidad de inmigrantes es el decreto de detener la ayuda federal a las “ciudades santuarios” una medida muy duro pues provocaría que perdieran los recursos financieros provenientes del Gobierno federal a los lugares que se nieguen a cooperar con la aplicación de la ley de inmigración. La pérdida de estos recursos afectaría a las localidades en materia de seguridad, salud pública y educación. Esto forma parte de todo el mecanismo que tiene proyectado Trump para contener el éxodo proveniente del exterior.

 

¿Pero que es lo que interpretan los estadounidenses por esta religiosa denominación? El término floreció en la década de 1980, -reseñan algunas fuentes-luego de que en Los Ángeles le pidiera a la policía que dejara de interrogar a algunas personas solamente para determinar su estatus migratorio en 1979. En conclusión, aunque la expresión carece de legalidad, se utiliza para las urbes en Estados Unidos que utilizan políticas para restringir su ayuda con las autoridades federales de inmigración.

Por lo general, cuando un habitante de alguno de estos territorios entra en contacto con la policía, no se le pregunta por su estatus migratorio. Se puede efectuar de diferentes maneras, o estar legisladas o sencillamente ser prácticas de la policía local. Sin embargo, en muchos casos los agentes del orden, sí trabajan con los funcionarios de inmigración sobre todo cuando encarcelan a sospechosos de algún delito y que tenga antecedentes criminales. Así lo explican en diarios locales.
Organizaciones civiles y diferentes personas de pen-samiento menos estrecho están a favor del derecho de los inmigrantes y de un trato justo. (laopi-nión.worldpress.com)

Organizaciones civiles y diferentes personas de pen-samiento menos estrecho están a favor del derecho de los inmigrantes y de un trato justo. (laopi-nión.worldpress.com)

Hay cientos de zonas en el país que funcionan de este modo, de las declaradas “santuarios” están Miami, Los Ángeles, Seattle, San Diego, Austin, Boston, Houston, Chicago, San Francisco y Denver. Oregón, Washington y Colorado también tienen un buen número de ciudades santuario gracias al flujo de su población campesina. Florida cuenta con en el área de Miami y Fort Lauderdale, además de Tampa. La municipalidad de Anchorage, en el estado de Alaska, del mismo modo se sumó a este grupo.

La medida de Trump ha mostrado ambientes contradictorios, en unos como Chicago, el Alcalde Rahm Emanuel reafirmó su promesa de que “seguirá dándole la bienvenida” a inmigrantes. Igual malestar causó a algunos alcaldes en Nueva York y Los Ángeles. En esta última, meses atrás el senado estatal aprobó un proyecto de ley que convierte a California en un “estado santuario” para indocumentados, convirtiéndola en el primero del país en tomar una iniciativa en ese sentido

Actuaciones de manera contraria a las anteriores también surgieron como en el caso de Texas donde el gobernador Greg Abbott ratificó un polémico proyecto de ley estatal, que autoriza también la norma conocida como “enséñame los papeles”, que permitirá a la policía cuestionar el estatus migratorio de las personas detenidas en el estado, fronterizo con México.

 

Antes de la victoria presidencial de Trump, los republicanos ya se habían pronunciado en contra de las “ciudades santuario”, “Durante años han visto a estas ciudades, que por lo general son centros urbanos demócratas, como no colaboradoras con las autoridades federales” declararon algunos de ese partido. En el lado opuesto, las ciudades lo ven como una manera de que los inmigrantes ilegales obtengan beneficios de educación o servicios del gobierno, independientemente de su estatus migratorio, reportan algunas fuentes ultraconservadoras.

En conclusión se deduce que esta acción ejecutiva del presidente norteamericano representa “un conflicto y una división política” entre el gobierno federal y varios estados.

En Texas la situación se puso más tensa de lo que ya estaba cuando aprobaron recientemente la ley contra las “ciudades santuario”, que entrará en vigor en septiembre y que diversas organizaciones y ciudadanos describen como la más antiinmigrante desde la de Arizona en 2010, ya que permitirá a los agentes preguntar la condición migratoria a las personas detenidas, incluso a automovilistas en revisiones rutinarias de tránsito. Arizona y Texas son los estados en los que más se persigue a los indocumentados.

Veremos si este decreto de Trump avanza. Si todo sigue igual como hasta ahora, cuando con 100 días desde su toma de posesión, de las 10 grandes reformas que prometió en su contrato con América lanzado unos días antes de las elecciones, ninguna se ha materializado.

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