EL BAILE

Por: Alberto Enrique

Pasan por mi mente el fox trot, el charlestón, el blue, el jazz, el country, bailar un tap o los más modernos: desde el rock al funky. Ya había pensado en todo eso pero nadie me sabía decir cuál de ellos era el de la preferencia ejecutiva en la unión de estados norteños. Pensé en alguno que hiciera temblar a la gente de las cavernas pero me dije, no, “la modelo” no se merece bailar con él algo tan salvaje, y seguí averiguando.

Para acá, hacia los bailes predilectos del Sur ni se diga, esos no parecen fáciles para pies medio paralíticos o quizás tengan mucho de ritmo enloquecedor, sofocante. Me pregunté entonces ¿acaso los hombres de tantos perfiles en los negocios tendrán tiempo para gastarlo en pequeñeces o se escudan en ello por ser verdaderos “patones”? Ja, ja, já.

Busqué y busqué. Viajé en todas las direcciones posibles. Alguien me aconsejó: Chico, busca en internet, y decidí tomar la red de redes. Esperaba una respuesta-sorpresa, que allí descorrieran los telones de la duda. Pero ni pitoche.No hubo aplausos.

Ahora desfilaron por mi mente algunos valses en un gran salón de la nobleza o de la alta aristocracia; y me dije, bueno, quizás, ahí sí. Aunque al final no quedó otro remedio, aplaqué toda  curiosidad y recurrí de modo inexorable al conocido verso brasileño “aparta de mí ese cáliz”. Por cero informaciones congelé la indagación sobre el baile de su posible predilección míster president, digo señor Trump. Simplemente no hay otra salida por ahora.

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