ADAPTARSE AL MUNDO CAMBIANTE

Por: Alberto Enrique
Una vez más tuve un intercambio con mi entrañable Papito. El encuentro
fue fructífero pues abordamos un tema muy actual: el rol asumido por
la población al analizar el Proyecto de Constitución como
representantes democráticos. Pudimos encontrarnos de nuevo tal como
estamos acostumbrados, con todo cuanto se nos ocurre al tratar un
tema, libremente, sin barreras.
Ahora nos dispusimos a intercambiar sobre muchos ángulos de la futura
Carta Magna, de cuánto llevamos por dentro, desde simples hasta
complejos asuntos. Con franqueza opinamos de lo visto y oído,
independiente a la edad de los participantes, sus sexos, el manejo
preciso sobre nacionalidad, derechos ciudadanos y economía. Claro, así
ocurre en reuniones populares y colectivas, o en cualquier esquina, en
una parada de ómnibus, un descanso laboral, en medio de ese torbellino
de criterios con que los amigos saben puntualizar “en aspectos de
marca mayor”, al decir de un anciano participante.
A veces uno puede actuar como quien fisgonea y detecta pronto el tema:
hay quienes se apresuran hacia la acción, otros parecen resistidos
ante alguna duda que preocupa y más adelante pudiera conducir a algo
inferior de lo esperado; por el contrario, hay aquellos quienes
prefieren adaptarse pronto a los cambios y comprenden cómo estos  han
de conducir a lo mejor siempre.
Hay de todo, pues prevalece una corriente predominante: el interés
masivo por saber qué llega o se queda de lo conocido. Todos los
cubanos compartimos en estos días algo en común y de alto valor, la
necesidad de encontrar nuestro propio camino ante las dificultades y
alcanzar éxitos en tiempos tan cambiantes.
Las preocupaciones radican también al tantear lo que deseamos en la
vida, sea un buen puesto de trabajo, una provechosa relación
sentimental, dinero que alcance, una casa cómoda, libertad propia,
salud física y mental, reconocimiento social, paz espiritual o incluso
que el tiempo alcance para la práctica de un deporte, hacer tai chi o
tan siquiera ir a correr un poco. Por ello giran infinidad de
planteamientos no solo hacia lo individual sino en cuanto concierne a
las funciones estatales. Abierto el abanico se apreciar a fondo toda
la sociedad cubana.
Cada quien tiene sus propias ideas y se esfuerza por encontrar lo
ansiado. Si lo conseguimos llega la seguridad inundando los corazones.
Estamos convencidos que ello nos hará felices. Aunque alcanzar los
objetivos  no siempre depende de uno mismo, y reaparece aquello tan
refunfuñón de “aprovechar la única oportunidad, como único chance” o
que la vida nos arrebate la oportunidad caprichosamente; las
experiencias pueden volverse traumáticas en esos casos. Y la gente no
da tregua, cuestiona, averigua.
Apreciemos otro sentido de la realidad, cualquier empresa del país no
solo desea sobrevivir en el futuro sino seguir siendo competitiva. Al
decir de algunos, en el pasado queríamos contar con empleados súper
leales hoy pues estamos necesitados también de gente flexible, que no
se aferre exclusivamente al sentido de pertenencia y abra la idea de
ser dueños con más precisión, o sea,  propietarios de los medios de
producción y sus resultados; y que tampoco planten posiciones de
atrincherada, rígida: “cómo se hacen las cosas por aquí… de tal o más
cual forma”, sin notar que nos movemos en tiempos de
perfeccionamiento, a la par de cuánto exigen los cambios en el mundo
de hoy y que formamos parte del mismo. Sobre todo esto se debate.
Se acepta que sabemos vivir en constante corrientes de aguas bravas o
turbulentas, con todos los cambios que ocurren en el trabajo, en la
vida propia, y todo cuanto influye desde el exterior; puede ser y de
hecho es algo muy interesante, a menos que la gente tenga una forma
exclusiva de considerar los cambios y comprenderlos solo si les ayuda.
Resultaría vital, de cualquier modo, distinguir si comienza a
producirse una liberación de la energía negativa: cuando uno tras
otro, miembros del colectivo, la brigada, el equipo o los
departamentos de la empresa aprecian una luz diferente bajo los
cambios que se produzcan, entonces el impacto que causen pueden ser
profundos. Además, cómo afrontarán a partir de ahí las modificaciones
que han de producirse en sus vidas. Irá todo mejor si asumen
bravíamente tales cambios.
Advertencia. Hay también quienes procuran que las cosas sigan siendo
simples y no asumen lo importante. En la complejidad de la mente y las
emociones no hacen más que “complicarlo todo”, aunque  esa tendencia
represente un freno pues es parte de nosotros mismos; al final, habrá
chance terminando por comprender que tendremos más ventajas cuando
cambien las situaciones, y seamos más funcionales, de manera sencilla.
Confío que en cada ocasión, al encontrar algo nuevo y útil cualquiera
podrá adaptarse mejor a los cambios circunstanciales y alcanzar la
victoria allí donde cada quien considere la medida o el nivel de su
éxito. Aquí vale interpretar a cabalidad el significado que se aporte
por sí mismo, dar cabida a  los  estímulos hacia el pensamiento
propio, aplicar lo aprendido a su situación; nadie dude que ese
parecer no sea el mejor camino. Disfrute con cuanto disponga de
beneficioso para descubrir los pasos a dar en el futuro.
Se dice que el presente sobreviene en el preciso instante que
transcurre el tiempo y el del futuro está por llegar. Pero si no
forjamos el porvenir quizás nos la veamos mal, y vale tener claridad
tanto en la estrategia personal como en la económico-social.  Porque
existe un relación recíproca entre la persona y la sociedad.
Cada quien actúa en consecuencia con la colectividad a la que
pertenece y puede contribuir a los cambios necesarios. En tanto, si
cambiar le resulta difícil a algunos, tenga presente que cada ser
humano puede cambiarse a sí mismo según sea su rol como observador y
actor legítimo en su entorno social y laboral. Esta es la razón por la
cual todos los cubanos andamos envueltos en asegurar el futuro. La
gente opina con entereza sobre mil cosas, sustraen y aportan con
criterios propios sobre la futura Ley de Leyes, la que les tocará a
ellos y a sus hijos.
No hay dudas. Aquí prevalece una real demostración de la democracia
popular que nos hace únicos en el mundo de hoy ¿Quién se atreve a
contradecirlo, dudarlo siquiera? Acá no existe gente de hombros
encogidos, tampoco miedos ni destapes, solo hay una población que
reflexiona en plena libertad para plantear sus inquietudes y aportar
los logros para un mañana lúcido, acertado.
Papito, por ahora estoy satisfecho con tus observaciones sobre los
reportes de la TV desde cualquier rincón del país, a mí me ha bastado
caminar sin perder pie ni pisada, oyendo los comentarios que surgen en
la calle. Amigo,  más adelante nos veremos con otras ideas para
continuar analizando este mundo tan cambiante.

                                       II

 

LOS TIEMPOS PARECIERAN CAMBIAR

Por: Alberto Enrique
De nuevo, Papito y yo, disponemos de algún tiempo libre y nos complace
retomar el análisis del Proyecto de Constitución pues sin lugar a
dudas ha puesto sobre el tapete verdaderos temas polémicos y otros
candentes, como hacía mucho no se veía.
En la consulta popular aparecen asuntos referidos a los ingresos,
dígase salarios y pensiones. Por ejemplo, el cabuz siempre fue el
último de los vagones en un tren ferroviario, así dijo Luis  -el cual
se destacara en ese sector y ahora forma parte del gran ejército de la
fuerza pasiva de la nación, de sus  pensionados-, entre muchos él
espera cubrir sus necesidades sin andar haciendo equilibrios,
filigranas, y  mejorar la entrada en su economía personal y familiar,
no continuar solo viajando dentro del cabuz.
Numerosos trabajadores del sector estatal también señalan salarios
bajos. No obstante, todos piden se preserve un grupo de conquistas
como son: la seguridad, la justicia y la equidad; las cuales deben ser
defendidas a todo trance en favor de las presentes y futuras
generaciones.
Hay otros asuntos que emergen con reiteración, por ejemplo, solicitan
con bastante urgencia la ampliación de un mercado mayorista para las
nuevas formas de gestión no estatal.  En estas reuniones de
participación se ha abordado un punto complejo: la necesidad de que se
avance más en el tema de las inversiones extranjeras. 

La gente piensa que vale ir a su encuentro pues estas parecieran aguardar
como sentadas, entumecidas. Tampoco faltan quienes piden hacer de la
empresa estatal socialista la generadora de las mayores riquezas del
país. Son temas que han sido tratados al duro y sin guante.
Claro, compadre, la economía está dada por sus avances y estos deciden
el progreso  de cualquier nación –convencido estoy, asiento-. Los
ingresos tienen el peso decisivo y su volumen satisface en gran medida
a cualquier rama o sector. Por ello la balanza entre exportar e
importar resulta la clave precisa. La triada cubana de los ingresos
principales y su ayuda e influencia en las demás ramas se obtiene
principalmente de tres columnas básicas: personal calificado,
medicamentos y turismo, por ello se precisa que de nuestro patrimonio
muchas semillas deben germinar aún.
En Cuba las riquezas minerales son exiguas, es una realidad. El petróleo es grueso o azufrado, la industria trasformadora es dependiente básicamente del comercio exterior. La agricultura no cubre buena parte de las necesidades,
esta sigue a la espera de manos
dispuestas y laboriosas. La pecuaria no cubre tampoco, y ya es hora,
ella debe  encontrar  soluciones efectivas.
El gobierno prevé  modificaciones en su estructura. La población
debate sobre la forma en que el Estado deberá administrar el país,
evalúan las edades de las personas que asumirán tales funciones y
permanecerán en esos cargos,  a la vez, la extensión de los periodos
de mandatos; aunque opinan que no debe prevalecer una camisa de fuerza
en todo esto; otro tanto ha de suceder en los niveles de provincias y
municipios, asimismo los límites de la autonomía aplicable en estos
últimos, pues adquirirán mayor preeminencia o relevancia en
correspondencia con la nación.
En este intercambio con mi amigo recuerdo una frase de Fidel dicha en
la ONU hace  unas cinco décadas donde indicaba un principio que
mantiene su plena validez, puntualizaba que a nuestro pueblo lo
gobernaba nuestro pueblo;  entonces le pregunto a Papito: dime, ¿qué
nos toca hacer ahora,  de nuevo nos alistaremos?
-Bueno, chico, cubanas y cubanos estamos muy claros, responde. Por
encima de cada valoración puesta sobre el tapete, conviene a cada
quien empezar calculando su propia calidad como trabajador, su
comportamiento en el puesto de trabajo. Sabemos que la respuesta
idónea aparecerá cuando al máximo nos auto exijamos disciplina laboral
y social, tanto en lo individual como colectivamente; tanto en el
centro laboral y en cada comunidad, en el barrio, en la calle, en los
hogares.
Este es el rol que cada quien debe jugar a plena capacidad de un
confín al otro del país. A partir de ahora ese estandarte debe
ubicarse en lo más elevado, sin ninguna esquiva ni excusa. También
convendría arrojar por la pendiente las ineficiencias, los malos
tratos, los descuidos… pero que no sea solo cháchara, palabreo, en su
lugar descubrir el modo de ser más perfectos, adelantar todo cuanto
nos haga falta y nos venga bien.
Quizás ese resulte un último detalle a tener en cuenta por el momento
pero hay un asunto completamente certero, imposible de pasar por alto,
el movimiento popular creado alrededor de la futura Carta Magna la
cual ha despertado al gran parlamento que es la nación cubana
completa. Ahora Cuba entera se siente más segura en todo, razones
sobradas para preservar la soberanía, defender el derecho al
desarrollo y poner el pecho en cada tarea. Los tiempos por delante
seguirán cambiando para el bien de todos, según predijera José Martí.
-Entonces, Papito, ¡Adelante!

 

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