¿CONTRADICCIÓN ENTRE GENERACIONES?

Por: Alberto Enrique


Si no anduviera por el tiempo extendido de la vida no me fuera posible abordar diversos temas, dado por el amontonamiento de experiencias vividas las cuales proporcionan infinitas oportunidades para apreciar desde lo más pequeño hasta lo más grande de este mundo. Emprender asuntos en cualquier dirección.

Sin embargo, hace poco oí una discusión entre varios adolescentes que me dejaron confuso, aturdido. Hablaban que la gente de antes era muy aburrida pues ni consideran siquiera los adelantos como para entretenerse. Ello me  hizo retornar de un solo golpe a otros tiempos cuando no existían computadoras ni celulares, no había drones tampoco Internet; temas de los cuales hacían gala estos chicuelos.

Los muchachos “de antes”a diferencia de aquellos a quienes hice referencia, sentíamos intereses múltiples o quizás apego mayor por la naturaleza, sus misterios y atractivos; sin faltarnos la pelota, los trompos, las bolas, empinábamos papalotes, teníamos jaulas con pajaritos y hasta echábamos peleas de arañas peludas.

Además, en las escuelas y en los hogares nos preparaban para hacernos dignos ciudadanos, personas de bien. Sabíamos con bastante claridad qué significaba honor, respeto, personalidad, compasión, vergüenza, amor propio, carácter, modestia, honra, entre otros principios y valores. Me respondí: ahí está la diferencia, si falta ese basamento la sociedad se hará débil, el hombre del mañana se convertirá en un blandengue o distrófico mental, y ese mamerto no nos hace falta ahora.

Es verdad que los tiempos cambian y los adelantos permiten subir el grado de complejidades en muchos sentidos. Razón para entender y aceptar el avance de los niños y jóvenes, que móviles en mano penetran la tecnología digital. Ellos marchan con ese rumbo porque hoy tenemos al ser humano reinando en lo tremendo, impulsando en cada momento el progreso: sueña primero, después ejecuta siguiendo una cadena de avances en todos los campos del conocimiento y anda a velocidades vertiginosas, no se detiene dejando boquiabierto al más pinto de la paloma o empleando lo más moderno y atrevido que pueda uno imaginar.

En mis tiempos de adolescente oí la explicación de cómo volaba un cohete hacia el espacio sideral usando motores propios para impulsar cada tramo; pensé de inmediato que se trataba de algo similar a un “fuego artificial”, esos que giran y giran, y cuando parecen apagados de pronto arde otro de sus segmentos dando lucidez a las parrandas navideñas en la región central del país.

En el cohete se encienden uno tras otro sus segmentos impulsándolo hasta poner en órbita el ingenio o máquina que registrará entonces informaciones e imágenes tomadas mucho más allá del alcance posible del vuelo de los aviones Y para lograrlo ¿de cuántos cálculos físicos y matemáticos estaremos hablando? ¡Qué les parece!

Si en el siglo XIX hubo una revolución industrial, más acá,  a partir de la segunda mitad del XX entró en avalancha la electrónica, los derivados del petróleo, la informática, la ingeniería genética, hasta llegar hoy a la aplicación en varias esferas de las partículas infinitesimales, la nanotecnología, con un futuro impredecible.

Tanta sabiduría en acción, casi de golpe en unas pocas décadas ofreciendo a la humanidad un giro fenomenal, avances que permiten reconocer que hoy estamos de lleno en un nuevo estadio del conocimiento, una nueva etapa: otra revolución en los campos de la ciencia y la técnica.

Todo parece tan sutil que a veces uno ni se percata de tanta grandeza. Algo diferente aparece, nos familiarizamos con ello, y vienen después más y más saltos en las esferas del conocimiento. Un sueño verdadero, casi una fantasía.

Y me pregunto ¿cómo irán ubicándose los adolescentes en esa realidad fenomenal? ¿Cómo marcha la auto preparación de sus conciencias  para jugar el rol propio en ese maremágnum del saber? ¿Qué les toca en esta vuelta superior del desarrollo? En la era de las comunicaciones no hay contradicción entre viejos ni nuevos. ¿De acuerdo, muchachos?

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