UN PASEO PENDIENTE QUE USTED PUEDE DAR

Por: Alberto Enrique

paseosporlahabana.com
Hoy pudo ser un día cualquiera pero no fue así, ni siquiera un jueves
más. Desde que llegó el monumento a la Avenida de las Misiones lo veía
de lejos una y otra vez, conocía la razón, el por qué estaba ahí. Pero
es una imagen que todo cubano guarda en el corazón porque José Martí
nos pertenece, lo llevamos en la mente y la sangre; ahora, ver el
instante sobrecogedor de su caída impacta sobremanera y hay que estar
preparado para rendirle tributo, agradecimiento.
Al fin llegó este jueves. Lentamente encaminé los pasos hasta allí, al
encuentro del durísimo momento de Dos Ríos en el cual proyectiles
enemigos cortaron su existencia física. Entonces acopié pensamiento,
voluntad y con sentir profundo me dije: Gracias, mayor general de
aquella guerra anticolonialista, allí caíste por cada uno de los
cubanos que ahora acudimos reverentes hasta ti, maestro de siempre.
Después de detallar cada aspecto del conjunto escultórico escoltado
por la flameante bandera de la estrella solitaria, decidí irme hasta
el antiguo Palacio Presidencial, ahora Museo de la Revolución. Sus
salones acogen la historia revolucionaria del pueblo cubano. Corre uno
a través de un gran recorrido por los momentos fundamentales de la
gesta: documentos que la exponen, personalidades, hechos. Tras cruzar
el mismo portón por donde entraron los asaltantes del Directorio
Estudiantil para ajusticiar al tirano se llega al yate Granma,
embarcación en la cual vinieron los hombres que acompañaron a Fidel
para comenzar la lucha armada liberadora.
Más adelante fui en busca de El Prado, paseo de tiempos coloniales
donde  ahora  me cruzo con gente joven disfrutando como yo de una
fresca tarde y un paisaje de la ciudad que se renueva. El parque
Central es la  ahora la atracción de mi interés, pues ha devenido eje
del polo turístico por excelencia: hoteles y museos atraen a los
viajeros, allí se encuentra usted con José Martí que con su brazo en
alto indica en ese momento a continuar adelante; a corta distancia el
Capitolio se deja ver también.
Tomo la calle del Obispo llena de comercios a los dos lados hasta
arribar a la Plaza de Armas, centro fundacional de ciudad de La
Habana, en su  centro la imagen en blanco mármol del iniciador de la
contienda bélica contra el poder hispano hace siglo y medio, el
gigante Carlos Manuel de Céspedes, el hombre que asumió la paternidad
de todos los cubanos.
Hoy ha sido jueves, un día bien aprovechado, donde quedó concluido y
satisfecho mi histórico paseo pendiente, por un momento pensé que
usted también pudiera realizarlo, le invito.

 

QUIJOTE Y SANCHO EN LA HABANA
Yaquelín y María Ester decidieron echar una caminadita aquella tarde
por la Habana Vieja para ver “lo nuevo”. Iban por el camino casi
obligado, la calle del Obispo. Al llegar a la del Aguacate, un grupo
musical interpretaba melodías típicas cubanas para deleitar a turistas
sentados en una especie de bar-restaurant al aire libre. El
trombonista hacia magias con sus sonidos y hasta los transeúntes
detenían el paso. De pronto, una de ellas llama la atención y dice:
-Pero mira esto, primi, todavía Sancho está ahí metido. Pasa el tiempo
y no hay quien le ayude a indicarle el camino adonde le espera el
Ingenioso Hidalgo desde hace mucho.
-Siempre me ha parecido tan original este gordito, está bello; aunque
su lugar idóneo es en 23 y J, no imagino a quién se le habrá ocurrido
dejarlo aquí- sostuvo la otra.
Efectivamente, comparto el criterio de las dos jóvenes, pues otro
tanto me ocurre cuando camino  esa calle. Siento pena hallar a Sancho
Panza aquí como escudero solitario y abandonado a su suerte durante un
montón de años. Sin embargo, lanza bajo el brazo, en arremetida
triunfal contra los molinos de viento va el caballero de la triste
figura en su Rocinante sin par. Y, aunque hayan llegado a sus sedes de
hoy día en momentos desiguales me cuestiono: ¿qué razón habrá existido
para que se decidiera y aceptase tanta distancia entre ellos?
No creo se trate de diseño urbanístico alguno porque cualquier cubano
sobradamente sabe que don Miguel de Cervantes les hizo surgir y los
uniría para siempre desde inicios del siglo XVII en su maravillosa
obra “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”. Supongo que
ningún habanero pueda imaginar al Quijote separado de su ayudante
Sancho, tampoco le agrada a nadie tener un distante escudero escondido
bajo las sombras de los árboles mientras en otro lado de la ciudad
bajo un tremendo sol tropical siga esperándole el eterno soñador.
Quizás sea un desajuste transitorio aunque extendido mantener al uno
sin el otro.
Varias veces he detallado las espaciosas áreas del Parque de 23 y J.
Cierro mis ojos y veo resuelta la separación que ha existido en La
Habana entre el Quijote y Sancho. Concluyo que Sancho bien pudiera
venir en justo desfile cultural sobre su conocido borriquillo a
detenerse en las proximidades de su señor Don Quijote, así el dúo
quedaría fijado para la inmortalidad completa en nuestra capital.
Por otra parte, hay noticias de un proyecto para la construcción de un
nuevo hotel a escasa distancia del posible parque completado en honor
al Ingenioso Hidalgo y su escudero, lo cual aumentaría  el realce de
esta céntrica esquina; ofrecería además un simbólico lugar para el
reconocimiento y deleite de la literatura universal, espacio
distinguido para visitantes y transeúntes.
Con seguridad también quedarían satisfechas las atractivas primas que
paseaban aquella tarde por la calle del Obispo.

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