SEGUIR CON LA RIQUEZA

Por: Alberto Enrique

 

¡No me lo puedo perder! ¡Llega el Güije! Dicen que se deja ver solo el 24 de Junio. Lo traen los siete Juanes y viene desde La Bajada, un  riachuelo que corre cerca de la Loma de La Puntilla.  El tiempo vuela pero no me detengo. Ahí aparece, viene el diablejo amarrado de pies y manos en una carreta tirada por bueyes. Al escuchar los rezos dados en el interior de la iglesia con una fuerza descomunal rompe las ataduras, huye y va esconderse en su refugio natural: las márgenes del rio o en las profundidades de la poza. ¡Todos lo hemos disfrutado desde chiquitines!

La Leyenda de los Siete Juanes y el Güije de La Bajada fue  establecida sobre un hecho local tejido siglos atrás, basada sobre un personaje mitológico de los campos cubanos. Es una obra representada al aire libre con jóvenes adolescentes comprometidos tal como dicen ocurriera entonces: encontrar al terrible pigmeo, destructor, lleno de agresividad y fuerza sobrenatural; aunque capturado, siempre logra escapar perviviendo en las márgenes o en una poceta de un río no muy distante.

Según la tradición, Remedios congrega a sus pobladores en los alrededores de la plaza principal en la víspera de cada San Juan. Las campanadas de la medianoche rememoran el incendio general de la Villa. El fuego vivo consume “las casitas” situadas en las cuatro esquinas del parque Martí. Así evocan aquí el más triste incidente ocurrido a mediados de febrero de 1691 hace ahora 328 años, cuando un ataque comando de 40 hombres armados provenientes de Santa Clara dan candela al pueblo por los cuatro costados. El incendio rápidamente devoró techos y paredes de todo lo construido convirtiendo la villa en  una gran pira; con la excepción de la iglesia, que al ser respetada fue lo único que quedó en pie, es la existente hoy día.

Los santaclareños “castigaban” así la firmeza de aquellos que deseaban mantenerse en su patria chica, al decir de las mujeres remedianas de entonces.  Aquella operación devino ejercicio de tierra arrasada por vez primera en la Isla, de exterminio total, un intento por borrar de la faz de la Tierra este pueblo fundacional; todo por simples intereses económicos particulares. Pero lo más trascendente: tras un lustro de resistencia y batallar sin tregua, el traslado forzoso, obligatorio hacia la nueva villa, no funcionó al ser reconocidos los derechos de la vieja villa por las autoridades superiores, entonces los vecinos hicieron renacer la villa. Esta festividad patronal surgió como homenaje a tales hechos históricos y datan de inicios del siglo XVIII.

Cada 24 de junio este pueblo celebra también su asentamiento definitivo a solo nueve kilómetros del litoral. Las Fiestas Sanjuaneras enraizadas en puro simbolismo popular es exponente de un hecho cultural gestado aquí y dispuesto a ser compartido con quienes lo deseen. Ellas son celebradas justo seis meses antes de las afamadas parrandas navideñas, otro evento de marca mayor celebrado en la villa.

Tras la alegoría a la candelada y el reconocimiento oficial de la reconstitución del pueblo en 1696, la fiesta surge. Se producen bailes populares y con la luz del día se multiplican las acciones: la banda de conciertos realiza una presentación especial. Le llega en paralelo el momento a la feria: artesanos ofrecen sus creaciones artísticas; por la tarde es el momento de otras recreaciones, la población disfruta de juegos que vienen desde remotos tiempos: los muchachos corren en zancos o metidos en sacos vacíos con metas de salida y final en ambos casos; tiempos atrás los jóvenes sobre caballos a todo galope y puya en mano, buscaban demostrar sus habilidades para ensartar argollas adornadas con cintas de colores, colgadas y dispuestas en un cordel desde una acera a la otra, el  ganador entregaba el aro premiado a una joven bella o a su enamorada. Aquellas carreras de caballos en la actualidad ya no se realizan como medida de precaución, en su lugar se aceptaría una pugna juvenil sobre bicicletas.

También los jovencitos se inscriben para desafiar el tizne y atrapar con los labios una moneda pegada con cera en el fondo de cada tambaleante sartén ahumado que no se pueden tocar con ninguna otra parte del cuerpo; el gentío corre para atrapar al puerco asustado y untado de grasa que anda como un proyectil y quien lo atrape será su nuevo dueño; o lo muy difícil, la conquista de la banderita en lo más alto de un largo palo bien ensebado. Es ir de una manifestación a otra para apreciar las competencias y conocer a los ganadores. Jolgorio, algarabía, disfrute colectivo.

Este pueblo celebra su asentamiento definitivo cada 24 de junio. Esta festividad resultó siempre un espacio de crecimiento, de realización personal y colectiva. Como tendencia ha perdurado en el tiempo la conmemoración sin grandes cambios, con aires de estilo colonial, pero el sentido de pertenencia de la comunidad se pone a prueba cada año pues aparecen insatisfacciones por irregularidades presentadas en la ejecución de algunas tradiciones o la nula divulgación de los eventos pues se desconoce con precisión el programa de los festejos y el horario de cada modalidad. Faltan hoy las tómbolas o un símil de estas. El capítulo organizativo precisa de un mejor desempeño. Muchos piensan en la necesidad de pulir la festividad, volver la mirada a la brillantez de otros tiempos.

Celebrado a lo largo de unos tres siglos este festejo de pueblo pudiera desaparecer, según comentan pues cada año va declinando el espectáculo dado su mal manejo. Al hablar con viejos remedianos el señalamiento resulta multitudinario y tajante, aunque también haya detrás cierta carga de ácidos pareceres o duras críticas sobre los organizadores, pues dicen aquellos que no hay oídos receptivos por lo cual crecen las dudas: hay gente que hasta llega a suponer cómo los productores del evento andan en pos de disminuir o desvanecer la riqueza folclórica que los envuelve, y se trata de mantener el lucimiento de una de las celebraciones populares más antiguas de Cuba –la más añeja reconocida en el país-, precisan. Por ejemplo, lejos de tal perfeccionamiento ha estado la celebración del último San Juan, donde no hubo ni la representación de la Leyenda del Güije y por falta de la grasa idónea el Palo ensebado tampoco se pudo realizar.

A pesar de cualquier desajuste debe salvarse y ser cuidado al máximo pues constituye una festividad popular única, de enraizamiento y consolidación formativa. Ahora la población piensa en las riquezas históricas y culturales, arquitectónicas y religiosas como potente oferta y único modo factible de desarrollar a fondo su vínculo con el mundo del turismo. Mas, cabe preguntarse ¿cómo será el futuro inmediato o siquiera a mediano plazo en este campo de los festejos populares? Nadie en el pueblo tiene idea clara del diseño actual y mucho menos a distancia en el tiempo. En cuanto al turismo, llega este como una ilusión poco sostenible a pesar de que se incrementa el número de hoteles y existan más de medio centenar de viviendas convertidas en hostales.

El San Juan bien pudiera constituir un atractivo turístico único en esta zona. Pero todo indica cómo es insuficiente el accionar de las entidades dedicadas a propiciar este acercamiento; valdría entonces preguntar ¿hay diseñado un plan de gestión para fomentar la reciprocidad de la población con el sector turístico local o aquí se cae en la equivocada espontaneidad? Recordemos que Remedios es un oasis en el trayecto hacia el polo turístico de los Cayos del Norte. Tampoco parece existir una labor mancomunada entre las instituciones locales y las entidades operadoras de los recursos turísticos actuales, falta una integración suficiente y manifiesta ¿valdría indagar por qué? ¿Cómo evalúan el uso de tales recursos durante los festejos? La gestión de venta  tenía mucho que ver con las tómbolas en tiempos pasados.

Esta festividad transcurre en un entorno influenciado por patrones de excelente comportamiento ciudadano, con formas ordenadas en el significado diverso de su práctica social. Y ¿no se pudiera propiciar algún interés promocional para el resto del país? o ¿acaso no se realizan por entenderse que este evento sea de poca monta?… eso es risible. La solemne y grandiosa noche de conmemoración por el medio milenio de la villa, otro 24 de Junio, dejó una huella de lo bello y mucha sed de nuevas posibilidades ¿Será demasiado pedir a tan pocos años transcurridos?

De cualquier modo y a contrapelo de todo, en Remedios, una villa que ya sobrepasa sus cinco siglos, continuará enraizado el San Juan como una fiesta popular para adultos, jóvenes y niños,  y  a la cual no se renuncia, vale batallar para  engrandecer la tradición. Estamos en tiempos de seguir creciendo con las riquezas culturales de la nación.

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