SER INTRASOLIDARIO

Por Alberto Enrique

 
Cuando llega el riesgo a perderlo todo, una voz oculta exige a
defendernos a capa y espada, a como sea, a darlo todo, de eso nadie
duda. Si el peligro acecha, esa voz secreta que llevamos dentro se
acrecienta, nos mueve: se hace un nudo de conciencia y sentimiento
patrio, y marchamos adelante con la bandera bien en alto. Con cuánto
honor se ha repetido esta hermosa batalla en muchos momentos. Ahora
llega otro instante crucial, y se expande la conmoción por todo el
país.
Para los cubanos de todas las generaciones que seguimos levantando el
estandarte de vivir soberanamente a lo largo y ancho de la nación,
este de ahora resulta un llamado a la resistencia, al valor, porque
nos vemos en la necesidad de agruparnos más y más; de salir a la
palestra con el sentimiento de solidaridad en alto. Ya las
demostraciones de respuesta andan presentes por ahí, no hay dudas de
ello, la clarinada se siente bien alto en campos y ciudades, fábricas,
comercios, hogares, escuelas.
Todo el pueblo de Cuba confía y encuentra incólumes las reservas de su
dignidad, también lo nuevo y útil con que podrá enfrentar las
situaciones difíciles impuestas desde la vecina nación norteña y
alcanzar el éxito. Hemos aprendido a interpretar el significado por
nosotros mismos, a estimular el pensamiento, aplicar lo aprendido en
la realidad propia, lo cual ha demostrado ser nuestro camino firme.
En tanto, el enemigo número uno, dígase el presidente actual de
Estados Unidos, el señor Donald Trump, arremete y aprieta contra Cuba,
pues se ha propuesto algo que a mi parecer ni él mismo comprende: con
enfermizo desprecio nos ataca, su intención manifestada es la de
acabarnos, borrar el proceso revolucionario, destruir nuestros
esfuerzos.
Su proyección está basada en diseños muy usados y viejos esquemas.
Aplica los del clásico negociante capitalista: busca posibles nichos
donde situar la mercancía y utiliza los conocidos métodos del
marketing ¡y se lo cree! Anda presto, aferrado a invertir con los
politiqueros de la Florida en las próximas elecciones presidenciales,
las del próximo año. De ahí se desprende su énfasis enloquecedor
contra la Perla de las Antillas.
En cada ocasión o en el futuro, los pasos que se le ocurra dar en tal
dirección han de chocar con un muro infranqueable llamado Cuba. Claro,
nos molesta y mucho, que este hombre sea tan obtuso, tarado mental.
Cuanto dispongan las cartas que aún le puedan quedar sobre la mesa… ya
veremos de qué lado estará el éxito pues nunca comprenderá las fibras
aceradas que arman a este digno pueblo.
Se dice que el presente sobreviene en el preciso instante que
transcurre el tiempo y al futuro le encaja lo por llegar. Por ello
también concebimos el porvenir. Vale tener claridad tanto en la
estrategia individual como la económico-social.  Porque existe una
relación recíproca entre el individuo y la sociedad. De ahí la
solidaridad colaborativa interna en su sentido más elevado.
Cada quien actúa en consecuencia con la sociedad a la que pertenece y
a su vez le aporta de sí para contribuir al cambio necesario. Y si a
veces resulta difícil cambiar a los demás por sus rasgos individuales,
cada ser humano puede cambiarse a sí mismo como observador y actor
legítimo en cada entorno social. Esta es la razón por la cual todos
los cubanos andamos envueltos en asegurar el futuro. La gente opina
con entereza, con criterios propios y actúa.
Cuba entera se siente más segura en todo, razones sobradas para
preservar la soberanía, defender el derecho al desarrollo y poner el
pecho en cada tarea. Los tiempos por delante seguirán cambiando “para
el bien de todos”, según predijera José Martí.
Hay quienes procuran que las cosas sigan siendo simples. En la
complejidad de esas mentes y sus emociones no hacen más que
complicarlo todo: así aparecen medidas específicas no convencionales
en varios perfiles pero hostiles, agresivas siempre. Maniobras y daños
en lo político, lo económico, y estrechando un cerco en las finanzas.
Que injustos son. Nosotros somos once millones de cubanos, en tanto
los norteamericanos son 327 millones, razón sobrada para que Trump
debiera preocuparse y ocuparse más de estos últimos. ¿Crees posible
que la felicidad alcance de manera uniforme para tanta gente?
Nosotros avanzaremos por un nuevo capítulo de la vida, hemos de
encontrar el piso firme por donde andar. Frente a tantas amenazas
invito a valorar detalles, situaciones que antes quizás se escapaban
también lo nuevo que va surgiendo delante de uno. Resulta difícil
arrancar de raíz lo vivido, cambiar las cosas de la noche a la mañana,
imaginar siquiera cómo solo con palabras se pueda transformar una
realidad. Entonces, conviene saber dónde está la verdad y dónde no;  y
llegan las enseñanzas: considerar tus beneficios personales, los del
resto de la familia, de la comunidad, defender la bella razón de ser
cubano…
No hay dudas. Existe una demostración de democracia popular que nos
hace únicos en el mundo de hoy ¿Quién se atreve a contradecirlo,
dudarlo siquiera? Porque aquí no hay gente de hombros encogidos,
tampoco miedos ni destapes, somos solo una población que reflexiona en
plena libertad  y plantea sus inquietudes, aporta para lograr un
mañana lúcido, acertado. Levantar la patria exige de todos, de ahí que
seamos intrasolidarios, o sea, solidarios entre y con nosotros mismos.
Impenetrables, si de imperialistas se trata.

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