BULLING Y SU ENJUNDIA

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Por Alberto Enrique
La burla o el choteo, el abuso, el dejarse agitar, coger a alguien
pa’l trajín, dar chucho, acosar o acorralar, tumbarle esto o lo otro a
fulanito, meterle el pie, poner el dedo encima, asustar, criticar,
presionar o formarle un ambiente desfavorable; en fin, el listado
sería numeroso.  Pero quien lo practique ¿en qué grupo social usted
los ubicaría? ¿Quién no conoce todo esto desde la primaria o en el
barrio? Ahora nos lo presentan dentro de un saco o bolso llamado
bulling.
Es un término nuevo proveniente del idioma inglés el cual uno oye
repetir, porque al llegar cierta palabreja por diferente que parezca
se apropian de ella, viste más usar lo distinto, no sé si es para
estar “en onda” o deslumbrar mientras no aburra su uso y se vaya del
aire al ponerse vieja y ya nadie la utilice. Creo siempre conveniente
saber el terreno por donde andar y qué hacer en cada situación.
Me atrevo a preguntar ¿Sabes qué es un niño bitongo? Recuerdo aquel
que era educado bajo la saya o dicho con más cuidado: sobreprotegido
por los padres, quienes satisfacían los gustos y preferencias del
hijo, en especial por la mamá, formándole un carácter que le
significaba como un bobalicón o zonzobérico entre los demás muchachos
más vivos quienes estaban y siguen en el lado opuesto; son los niños
malditos, esos con una marcada inclinación a conocer las reglas de la
calle, “que se reúnen con lo peor y aprenden lo pésimo…” pero andan
siempre dispuestos a sonarle un pescozón a otro cualquiera.
Según vayan de la niñez, a la adolescencia, a la adultez, este grupo
tiene una marcada inclinación a incorporar malos hábitos, pueden
presentar una pésima conducta social; por tales caminos aprenden
manejos violentos y se deforman o van  parar a ilegalidades hasta caer
en pandillitas o son candidatos a calificar para el ingreso en las
filas de la mafia.
Y seguimos hablando de bulling porque parece que convendría ahora
recordar aquello de “Árbol que crece torcido jamás su tronco
endereza”. ¿Pero en qué momento el señor Donald Trump se puso tan
descompuesto, capaz de asumir responsabilidades de un semidiós que
dicta pautas a los cuatro puntos del planeta, sojuzgando… abusando? No
parece haber pertenecido al bando de los bitongos ¿verdad?
De Cuba, la llave del Golfo,  jamás recibirá su país infamias ni
insultos tal como usted ha resuelto con odio insaciable contra
nosotros. Y aunque si se lo hubiese propuesto así y no por oír a otros
malsanos, valdría significarle que no podrá acabarnos, destruirnos,
liquidarnos, porque estamos sólidamente bien decididos a echar
pa’lante con todo y resistir cada día.
Nuestros principios se basan en la vigente orden del mayor general
Antonio: “Quien intente apoderarse de nuestro suelo recogerá su polvo
anegado en sangre si no perece en la contienda” o aquel otro mandato
que nos insta a pensar y actuar junto al poeta Bonifacio Byrne sobre
nuestra insignia nacional: “…Nuestros muertos levantando sus brazos la
sabrán defender todavía”. También si no le bastara, le recuerdo la
fábula del gigante Goliat y el pequeño David.
Imagino si no descubre lo advertido antes “señor rey del bulling” con
su mandato destructor en su absurdo estandarte donde aprieta tuercas,
trata de asfixiarnos, apretuja el cerco, ocasiona dolor a este honrado
país; a pesar de sus gruñidos y su indecente divisa destructora, a
nosotros sí que nos ronca…
Hace días leí en FaceBook la definición de Alexitimia, a usted le
encaja perfectamente señor Trump porque es una enfermedad propia de
las personas que no tienen sentimientos.

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